He pasado una pésima noche en el camping de Castro, con una tos constante. Para no molestar a los peregrinos, he salido varias veces a la terraza del albergue. La cosa es que la tos sólo la tengo estando tumbado, por lo que me tuve que incorporar y levantarme varias veces, dejando la habitación. Me puse a leer, me entraba sueño, volvía a la litera y ... de nuevo la tos.
Por la mañana he podido dormir mejor y me he quedado hasta las 9:30 horas. Desayuno en el camping y decido continuar el Camino directamente hasta Islares, porque si volvía hacia Ontón, que era lo planeado, se me haría demasiado tarde.
Por tanto, la etapa ha sido cortita pero bonita. Hay un tramo muy bonito de arboleda, justo detrás de unas cancelas que debemos abrir y cerrar. En este tramo se asoma al mar una bonita balconada natural de piedra.
Cuando llego a Islares, me dicen que no hay farmacia en el pueblo. Desde luego, necesito algo para la tos, no quiero volver a repetir el problema de esta noche pasada. La policía local me recomienda coger el bus para ir a Castro Urdiales, donde encontraré seguro una farmacia, y volver. Esperando el autobús, en la parada, un señor en coche se ofrece a llevarme. Me cuenta que él también es peregrino pero que, desde hace unos años, obligaciones familiares le impiden dejar la casa y colgarse la mochila. Yo le conté la noche que había pasado y me lamentaba de la mala decisión de haberme ido directamente hacia Islares desde el camping, que tendría que haber vuelto andando hasta Castro, buscar la farmacia y luego retomar el Camino. Pero que ni siquiera me había planteado que no hubiera farmacia en Islares.
Cuando llegábamos a Castro, me dice que sabe dónde hay una farmacia, que me esperará en la puerta y me llevará de vuelta a Islares. Entonces, le pregunto que él para qué iba a Castro, y me dice que simplemente estaba probando el coche que llevaba, por lo que en realidad, le daba igual ir a un sitio o a otro.
El que me viera en la parada del bus con la mochila y el palo, seguro que fue lo que despertó en él la generosidad de los peregrinos. Y yo me subí agradecido porque no sabía ni cuánto tiempo tendría que estar esperando a que llegara el autobús. Cuando me dejó de nuevo en Islares, le propuse invitarle a una cerveza y me dijo que no, que ya llevaba una tomada... Nos despedimos deseándonos lo mejor.
En Islares, me quedé sin probar la famosa tortilla de Taberna Elisa. La señora de la barra me dijo que llegaba tarde y que ya no le quedaban pintxos. Tendría que esperar a que comenzaran a servir el menú para comer algo. Pedí una cerveza y salí a la terraza que tienen enfrente del bar, en una pequeña plaza del pueblo. Aquí me reencontré con la peregrina vasca que conocí en el Monasterio de Zenarruza y nos dio mucha alegría vernos. Hablamos del precioso paisaje que habíamos visto en la etapa de hoy, en la zona de piedras y árboles después de las cancelas. Nos deseamos Buen Camino, ella seguía con intención de llegar a Laredo. En esta misma terraza, una vecina del pueblo me recomendó que bajara hasta la playa, que era muy bonito. Que allí hay un camping con un supermercado y que es donde van los vecinos a comprar cuando necesitan algo. Y que también en la playa hay buenos restaurantes. Me pareció buena idea, por lo que me fui al Hostel Islares, me acomodé y bajé a la playa.
Llegué al Asador Argentino Rocamar y pedí empanada y hamburguesa. Además de que estaba muy bueno, tenía unas bonitas vistas. El asador estaba repleto de gente y por la puerta pasaban muchos veraneantes con sus perros. Estaba pues entretenido y a gusto, por lo que descansé con varias cervezas, postre y café.
Vuelvo al hostel a descansar. Curioseo por el salón, donde hay una pequeña biblioteca. Me encontré aquí nuevo el libro "La Biblioteca de la Medianoche", con un ticket de una librería de Gernika, comprado unos días antes. Seguramente algún peregrino lo dejaría olvidado y la dueña del hostel lo colocó en la biblioteca. Pensé que podría adoptar este libro y llevármelo a casa.
Para la cena, reservé mesa en el Restaurante La Abuela Santa. Creo que no elegí bien la comida, pero estaba muy tranquilo, también cenaban otros peregrinos con los que compartía habitación en el hostel. Sobre las diez y media de la noche ya estaba en la litera para dormir.

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| Desde la mesa del Asador Argentino Rocamar |
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| Hostel Islares |











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