A las 7:45 salgo del hostel y desayuno un pintxo de tortilla con café en Las Vegas. A las 8:15 empiezo a andar. Ya hace bastante calor, en parte por la humedad. La Playa de Laredo la he cruzado entera por el paseo marítimo: eso de llenarme de arena los dedos de los pies no va conmigo, por mucho que sea un atractivo del Camino del Norte.
Sobre las 9:20 de la mañana con 24ºC, estoy en la barca para cruzar a Santoña. Ha sido un instante, pero algo bastante peculiar. Junto a turistas y peregrinos, entraron en la barca multitud de bicicletas, y nos reíamos porque los señores encargados del embarque ironizaban sobre si ya había empezado la Vuelta a España...
A las 11:10 de la mañana estoy en la playa de Berria, después de seguir toda la tapia del Penal El Dueso. Anoche, repasando el recorrido que debía seguir, leía que en estos muros fusilaron a muchos hombres durante la Guerra Civil, algo que no se me iba de la cabeza en todo el tiempo que seguí la tapia.
Tras la Playa de Berria, he tomado la carretera CA-141 que cruza el pueblo de Argoños, en lugar de subir por el Monte Mijedo. Este recorrido está bien señalizado para los peregrinos con flechas amarillas, y aunque se hace largo por la cantidad de vehículos que circulan, es cómodo y tienes el Parque San Roque, un espacio verde muy agradable donde hacer un descanso.
Llega un momento en que las flechas te dirigen hacia la derecha, dejando la carretera y entrando en un paseo llamado Ruta del Monte Mijedo, que lo va rodeando. Aquí hay una fuente y un indicativo del Ayuntamiento de Noja, que nos recuerda que estamos en el Camino del Norte. A la derecha de la ruta tenemos el verde del Monte Mijedo y a la izquierda nos vamos encontrando poco a poco un paisaje de marismas, con puntos de avistamiento de aves: se trata de las Marismas de Joyel, un lugar donde se mezclan aguas dulces y saladas, lo que genera un ecosistema muy variopinto.
Sobre las 15:45 he llegado al Albergue de Isla, junto a la Parroquia. Es el punto más alto de la localidad, y llego ya bastante cansado de la caminata. Lo primero que hago es descalzarme en el patio y cambiarme, poniendo a secar algunas prendas que llevaba empapadas en sudor. Después me hicieron el registro y me sellaron la credencial, pero no me gustó demasiado el trato del señor que lleva el albergue, no así su hija, que sí me pareció acogedora. Luego vi que este hombre tiene mucho que mejorar sobre el trato a los demás, de manera que incluso la señora que enseña la Parroquia también me habló de él: "Mejor que no te cuente...", fueron sus palabras. Menos mal que no me contó, porque estuve a punto de largarme.
Una buena comida en el restaurante La Chata me hizo recomponer el ánimo. Después estuve en un sitio bastante curioso, el llamado "Almacén de los libros olvidados", donde encuentras de todo: comics, libros, revistas, guías de viaje, todo de segunda mano.
Pero lo mejor de la jornada aún no había llegado: sobre las ocho de la tarde nos reunimos junto a la Parroquia un grupo de peregrinos para ver el eclipse. Sólo uno de ellos tenía unas gafas apropiadas, y nos la íbamos pasando de mano de mano, como si fuera la patata caliente. El eclipse fue total y tuve la suerte de ver el anillo de diamantes sin gafas, en ese momento en que sí se puede mirar directamente porque no es peligroso. Fue un espectáculo y todos lo disfrutamos y nos emocionamos.
Sobre las diez de la noche, el albergue cerraba las puertas y se pedía silencio. Por mi parte, enseguida me acosté y cogí el sueño. Mañana tendré que levantarme muy temprano para coger un autobúa a Santander, y de ahí a Bilbao. Este Camino 2026 termina aquí.
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| Playa de Berria |
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| Marismas de Joyel |
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| Parroquia de Isla |
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| Desde la terraza del restaurante La Chata |

























































