sábado, 2 de febrero de 2013

ETAPA EL REAL - MONESTERIO

Etapa El Real de la Jara - Monesterio

A las siete de la mañana nos espera el autobús en la Alameda del Tren, en este día frío de febrero. En casa hemos desayunado y nos hemos preparado unos bocatas para la media mañana. Hemos empezado el viaje con mucho ánimo, sabiendo que nos espera un día abierto sin lluvias.
Llegamos al albergue de El Real de la Jara sobre las ocho y media de la mañana, y enfrente, en el Mesón Taurino Jara Real, hemos tomado un café con la correspondiente lentitud del camarero, que no esperaba tan temprano un grupo de treinta peregrinos.

😂😂😂 ¡¡ Cuánto nos hemos reído !! Una máquina de cortar fiambres al lado de la puerta del servicio de los tíos.

Nos hemos reencontrado con la Plaza del Ayuntamiento y con la Iglesia de San Bartolomé, y dejando a la derecha la figura del Castillo, subimos por el Camino del Callejón en dirección a Monesterio, a unos 20 kilómetros.
A tan solo 1 kilómetro está el límite entre las provincias de Sevilla y Badajoz, e inmediatamente hallamos el arroyo de la Víbora. Lamentablemente, al cruzar el arroyo he puesto el pie en un mal sitio y en lugar de apoyarme en una piedra firme, ésta se ha hundido y he metido el pie derecho en el agua, así que empiezo fatal la travesía de hoy.
Poco después del arroyo nos encontramos a la derecha del camino con las ruinas del Castillo de las Torres, llamado así por sus tres torreones de base circular. No está clara la función de este castillo, pero teniendo en cuenta que es un punto fronterizo entre Extremadura y Andalucía, no es extraña su presencia. Al parecer, su función principal era la de punto de vigilancia de la ruta de peregrinaje hacia Santiago.


La primera parte del camino la realizamos por una vía cómoda que cruza la finca Vistahermosa, hasta que llegamos a la carretera EX-318, a las espaldas de un área de servicios de la Autovía A-66 Vía de la Plata, donde está una extraña capilla, la futurista ermita de San Isidro. Aquí hacemos una primera parada, donde compartimos barritas de cereales, frutos secos y ciruelas pasas.
A continuación seguimos por una vía estrecha entre eucaliptos que va paralela a la N-630, llamada también Carretera de la Ruta de la Plata, y a la Autovía.


Durante todo este trayecto coincido con un grupo de peregrinos con los que comparto una afición: el cine. Vamos hablando de cine francés, español y argentino. Luego cambiamos de tema: empezamos con la música y terminamos hablando del futuro de nuestros hijos, de los escasos espacios de ocio que tienen... En fin, las preocupaciones propias de unos padres.
Esto es también el Camino, compartir experiencias, reflexionar en voz alta y darle forma a nuestros pensamientos.
Al igual que en la etapa anterior, estos momentos nos unen como grupo.
Cuando este sendero se termina, comienza otra vez el asfalto por un camino poco transitado. Aquí hacemos de nuevo una parada para tomar unos bocatas y reunirnos. Aunque ya estamos en el mediodía, la temperatura sigue siendo fría, hace un aire incómodo que me está dando dolor de cabeza. Esta parada me sienta bastante bien y como voy de los primeros del grupo me da tiempo a descansar hasta que llegan los últimos. Desde donde estoy sentado hago fotos al grupo.


La última parte de la etapa sigue por esta carretera y en los últimos tres kilómetros y medio vamos subiendo el Puerto de la Cruz antes de entrar en Monesterio.


Llegamos a una zona de descanso justo en la entrada del pueblo. Tras la subida que acabamos de hacer, es un lugar extraordinario para el reposo: respiramos un poco, nos hacemos unas fotos y esperamos de nuevo al resto del grupo.

Merenderos a la entrada de Monesterio
Hemos llegado a la hora prevista. Continuamos por esta carretera de entrada, hasta que volvemos a encontrarnos con la N-630, que hace de travesía de la localidad, dividiendo Monesterio a un lado y otro de la carretera. A la izquierda dejamos el Museo del Jamón, y algo más adelante llegamos al Hotel Moya, donde tenemos la comida de hoy y donde nos espera el autobús.
Nos ponen vino de pitarra con gaseosa para acompañar el menú, y tras descansar los pies, nos proponemos hacer algo de turismo.
Siguiendo la travesía llegamos al centro, donde está la Plaza del Pueblo. Al fondo está la Iglesia de San Pedro, construida en ladrillo vista en el siglo XV, de estilo mudéjar tardío.

Iglesia de San Pedro de Monesterio
En un lateral de la plaza se encuentra una cafetería, donde nos hemos tomado un capuccino de categoría, buenísimo.
Frente a la cafetería, en el otro lado de la plaza, se encuentra el Centro de Interpretación General de la Vía de la Plata, que merece la pena conocer. Está situado en el edificio que antes ocupaba la Oficina de Telégrafos. Aquí nos reunimos un pequeño grupo de peregrinos que también decidieron salir a hacer turismo por Monesterio.
Empezamos la visita del Centro de Interpretación viendo un vídeo que explica el origen de la Vía de la Plata, y luego subimos a la primer planta donde hay paneles explicativos muy interesantes.
 
En uno de los paneles encontramos explicación al nombre "De la Plata". Al parecer, en lengua árabe se llamó a esta calzada romana "BaLaTa", que significa "ladrillo" o "enlosar"; así, el historiador Roldán Hervás, en 1971, llega a la conclusión de que el pueblo tomó este nombre de la lengua árabe y lo hizo suyo en la palabra castellana que más se aproximaba. Por ello, el "camino de la plata" resulta una redundancia, puesto que significaría algo así como el "camino del camino empedrado".
En otro de los paneles explicativos, vemos que ya hemos entrado en la Comunidad de Extremadura, y empezamos a hacer cálculos de cómo podemos organizar las etapas siguientes.
Las próximas etapas por tierras extremeñas serán largas y se presentan duras. Pero la ilusión no nos falta y ser un grupo tan numeroso nos aporta ánimos.
 
En el Centro de Interpretación de la Vía de la Plata, frente a uno de los paneles explicativos donde aparece la fotografía del Arco de Cáparra en gran tamaño. ¿A que parece en esta fotografía que Alejandro estuviera allí mismo? El Arco de Cáparra se encuentra en la ciudad romana de Cáparra, al norte de la provincia de Cáceres. Aún nos queda mucho para llegar.

Sobre las cinco y media volvemos al Hotel Moya donde nos espera el autobús que nos lleva a casa, con muchas ganas de estirar las piernas y poner los pies en alto.

sábado, 12 de enero de 2013

ETAPA ALMADÉN - EL REAL

Etapa Almadén de la Plata - El Real de la Jara

Esta cuarta etapa del Camino se nos presenta bien fría. Hemos salido como siempre en autobús desde la Alameda del Tren. Me he quedado dormido en el autobús, y prácticamente me he despertado al llegar al albergue de Almadén de la Plata, donde ya otros peregrinos también comenzaban poco a poco el día.

Salida del albergue de Almadén
Pronto hemos empezado a andar: hemos salido de Almadén por la plaza de toros y hemos cruzado fincas de chaparros con caballos, cerdos y ovejas. Pronto empiezan a sobrarme los guantes y el pirineo, porque llevamos una buena marcha. El grupo se va dispersando, entreteniéndose haciendo muchas fotos, porque los colores de la Sierra Norte de Sevilla son espectaculares, aunque el cielo esté cubierto.


A unos dos kilómetros y medio de Almadén cruzamos uno de los primeros arroyos, en este caso con un puente de obra bien trazado que lleva a una de las tantas casas de campo preciosas que iremos encontrando.


Seguimos el Camino por la Colada de los Bonales, una vía pecuaria que cruza diversas fincas privadas, señalizada perfectamente con las flechas amarillas. El camino es suave, agradable, de tierra compacta en la mayoría de los casos.




Hemos tenido un descanso largo para el desayuno, sentados en el borde del camino compartiendo lo que cada uno ha echado en la mochila.



Una fuerte bajada nos llevará a cruzar el arroyo Mateos, con algún incidente aunque de poca importancia. A partir de aquí el camino se estrecha y vamos subiendo y bajando, con unos hermosos paisajes.



Poco después hemos llegado a un punto que marca aproximadamente la mitad de la jornada.



Ahora sí, llegados a este punto, se ha presentado el cansancio, quizás no tanto por lo que habíamos andado, sino más bien por lo temprano que nos hemos levantado, porque en verdad el trayecto ha sido fácil y cómodo.
El grupo sigue disperso. Nos habíamos reunido antes en el momento del desayuno, pero de nuevo volvemos a separarnos, en pequeños grupitos. Así, los organizadores nos informan que nos esperan para comer en el Mesón La Cochera, cerca de la Plaza del Ayuntamiento, punto en el que nos reagruparemos conforme vayamos llegando.
Entramos en El Real de la Jara por la calle Picasso, donde está el albergue de peregrinos. No pudimos conocerlo al estar cerrado. Al final de esta calle nos encontramos con esta fuente, un bonito detalle para recordarnos cuál es el punto final de nuestro Camino.
Aquí nos paramos a hacer fotos, por lo que volvemos poco a poco a reencontrarnos. 



Llegamos un poco más tarde a la Plaza del Ayuntamiento, donde hacemos tiempo para poder entrar en el mesón. En la Plaza se encuentran grupos de jóvenes y algunas familias con sus niños. Destaca en el centro de la Plaza la figura de un ciervo sobre un montículo y el color de las plantas en los terreros.


Muy cerquita de aquí nos hemos ido hasta la Iglesia de San Bartolomé, junto al Mesón donde tenemos concertada la comida.


Iglesia de San Bartolomé
Aunque aún no estábamos todos, hemos entrado al comedor del Mesón. Nos han puesto un pan extraordinario: antes incluso de que llegara el primer plato, ya nos lo hemos terminado. Después del postre, algunos peregrinos deciden subir hasta el castillo de El Real; por mi parte, opté por quedarme en el Mesón para tomar café hasta que volvieran los demás. El autobús de vuelta lo teníamos a las cinco de la tarde, así que tenemos tiempo suficiente para descansar y para el café. Pero al poco rato vuelven los turistas que quisieron subir al castillo, al encontrarse el camino cerrado por obras de restauración.
Así que pasamos un buen rato en el Mesón, un gin tonic y unas risas que hicieron unirnos en un ambiente relajado de amistad.
El autobús de vuelta sale de la Plaza del Ayuntamiento a la hora convenida. Sin duda, ha sido una etapa bonita en muchos sentidos. 

sábado, 1 de diciembre de 2012

ETAPA CASTILBLANCO - ALMADÉN

Etapa Castilblanco de los Arroyos - Almadén de la Plata

A las seis y media de la mañana quedamos en la Alameda del Tren, para salir en autobús hacia Castilblanco de los Arroyos. El desayuno lo hacemos donde terminamos la etapa anterior el pasado día 18 de noviembre, en el Bar El Algabeño. Tras una copa de anís o de crema de guindas, que habíamos comprado para calentar la mañana, nos ponemos en camino, sobre las ocho y media.

Salida de Castilblanco, frente al bar El Algabeño, muy cerca del albergue de peregrinos de la localidad
Buscamos la salida de Castilblanco por la carretera SE-185. Nos separan unos 29 kilómetros hasta Almadén de la Plata.

Pila en la carretera hacia Almadén,
con el azulejo del Camino
La temperatura es baja, en torno a 2ºC, pero además tenemos un viento frío y el sol aún no calienta. Nuestras sombras en la ladera junto a la carretera, son alargadas, lo que indica que el sol apenas se ha levantado.



Los organizadores, experimentados que son ellos, nos indican que el paso por la carretera debe ser alegrito. Nos esperan 15 kilómetros por el asfalto hasta que lleguemos al Parque Natural de Los Berrocales, y para que no se nos haga demasiado dura la etapa de hoy, debemos ir con buen ritmo todo el tramo de la carretera.



La verdad es que sí tenemos una buena marcha, con subidas y bajadas, algunas más empinadas que otras; hemos pasado por diferentes fincas, algunas con portelas de entrada bastante historiadas, donde hemos descansado un rato, nos hemos hecho fotografías... y de todas ellas, la más conocida es la finca de "La Yerbabuena", del torero Ortega Cano, a quien hemos mentado en la carretera cada vez que escuchábamos un coche: "Cuidao, cuidao, que viene Ortega Cano". Las risas han sido continuas, y al pobre Ortega Cano se le debieron caer las cosas de las manos constantemente.
Entre los kilómetros 16 y 17, está la entrada al Parque Los Berrocales. Aquí hicimos una parada más larga, comimos el primer bocadillo de la jornada, charlamos con el guarda forestal, quien ya nos anticipaba todo lo que encontraríamos en el camino hasta llegar al Calvario, el cerro del final de la etapa antes de Almadén.

El camino por el parque es bastante más agradable, y vamos muy animados porque la marcha es extraordinaria, aunque sopla desde el este un aire frío que me hace echar de menos los guantes. Por eso se agradecen los tramos en que los árboles no tapan al sol.


A poca distancia de la puerta de entrada, se encuentra la casa forestal, y a lo largo de todo el recorrido por el parque, encontramos estos pivotes que señalan el Camino de Santiago, así como algún que otro miliario.





Durante algo más de una hora seguimos por una pista de gravilla que va serpenteando por el parque. Nos dijeron que por esta parte podríamos encontrar ciervos, pero como somos un grupo numeroso (32 en esta etapa) con muchas ganas de pasarlo bien, no vimos nada. Pero bueno, tampoco hemos venido aquí a eso.
Hemos pasado también por diferentes arroyos. Ayer viernes llovió por toda la zona, aunque no de modo copioso. En una bajada hemos llegado a un estancamiento de agua que parece una piscina natural, con una pasarela hecha de mojones de cemento.


Aquí serían ya algo más de las doce y media. Empezamos a sacar de las mochilas galletas, chucherías o incluso dulces de Navidad. De nuevo los organizadores nos felicitan por el paso extraordinario que llevamos, y nos indican cómo vamos a actuar a continuación: continuaremos por el parque, y sobre las dos y cuarto pararemos a comer, sin tiempo limitado hasta que descansemos lo suficiente para poder continuar, ya que la parte más dura vendrá al final, tanto la subida como la bajada del Cerro del Calvario.
Hay que estar muy atento a las señales, porque algo más tarde el camino se desvía a la izquierda por un nuevo paso sobre un arroyo, donde se encuentra un nuevo miliario y las ruinas del antiguo poblado de El Berrocal. En esta bifurcación, la pista continúa hacia el Centro de Visitantes de El Berrocal, pero nosotros debemos girar a la izquierda. Una peregrina que iba más adelantada se despistó, y avanzó por esta pista un buen tramo; a voces la llamábamos y no nos oía. Uno de los peregrinos, un chavalín de unos catorce años, echó a correr hasta alcanzarla, y tuvieron que desandar lo andado.
Desde aquí, la pista continúa unos 3 kilómetros, hasta la alambrada del final de la finca, donde de nuevo hay que girar a la izquierda para avanzar por un camino más estrecho. Aquí decidimos parar para comer. El segundo bocadillo no lo terminé, me apetecía más algo fresco, así que terminé el almuerzo pronto con una manzana.


Conforme íbamos levantándonos del suelo, comprobábamos cómo las piernas difícilmente respondían -ya eran 25 kilómetros los que llevábamos-. Las paradas deben ser breves para que los músculos no se enfríen demasiado. Algunos ya sentían agarrotados los gemelos, y costó un poco continuar. El camino por aquí se estrecha mucho, y va subiendo poco a poco, prácticamente andamos en fila india. Recojo bellotas dulces, que me sientan muy bien. También la temperatura es más agradable, alrededor de 9ºC.


Por este sendero serán unos dos kilómetros, de agradable subida, hasta que llegas a una nueva pista transversal, en un amplio claro, desde donde contemplas el Cerro de El Calvario. Desde aquí se aprecia claramente un mirador en lo alto del cerro. Dicen los organizadores que allí tenemos que subir, que cada uno coja su ritmo, de manera que cada cual pare cuando estime necesario.


El Cerro de El Calvario, una subida de 150 metros aproximadamente,
pero en una distancia muy corta.
En un principio no parece complicado. Sólo cuando miras hacia atrás te das cuenta de cómo subimos y de lo que vamos dejando. Pero llega un punto en que parece que subes una pared: ya no puedes dejar de mirar al suelo, no hablas con el de al lado, te falta el aire, y simplemente te concentras en subir. El bastón nuevamente me ayuda mucho.


En todos los Caminos, hay puntos emblemáticos, significativos. Éste es uno de los de la Vía de la Plata: cuando alcanzas el punto más alto del Cerro de El Calvario sientes una doble satisfacción, porque al lado sur está el paisaje impresionante del Parque Natural de los Berrocales, y al lado norte está, ahí, como a tiro de piedra, Almadén, y eso significa que has llegado, que la etapa está superada.

Un cielo espléndido



Conforme iban llegando los peregrinos, recibían aplausos sinceros de reconocimiento por el esfuerzo de la jornada. Y todos nos sentíamos verdaderamente satisfechos. Como no podía ser de otra manera, disfrutamos del paisaje desde los miradores y nos hicimos muchas fotos.


Pero queda bajar hacia Almadén por un sendero igualmente empinado, y con muchísimas piedras, que lo hacen más difícil. Un peregrino que ya había hecho esta misma etapa hace algún tiempo, recordaba que a él le resultó más complicada la bajada de El Calvario, que la subida. Con mucho ojo, fuimos poco a poco descendiendo.


Son las cuatro y media de la tarde cuando entramos en Almadén. El autobús nos recogería a las seis para volver, así que pensamos tomar un café, ver un poco el pueblo... Alguien anuncia que esa tarde se abría un Belén Viviente en Almadén. "¡Estupendo, pues lo vemos!", exclamamos. El organizador llama por teléfono al chófer del autobús, quien dice que ya está en el albergue de peregrinos de Almadén, esperándonos. "¡Qué bien, pues vamos a sellar las credenciales!", nos alegramos. En el albergue había otro grupo de peregrinos sevillanos que también, como nosotros, hacía el Camino por etapas en días sueltos, y otro grupo jugando a las cartas en el comedor, que dormía en el albergue y continuaba andando al día siguiente.


Tardamos un buen rato en sellar. Mientras, alguno tomó café en el mismo albergue y otros nos terminamos las galletas que habían abierto por la mañana. Después de hacernos más fotos, nos subimos al autobús.
Los peregrinos que también hacían el Camino en días sueltos habían ido en coche desde Sevilla hasta Castilblanco, y otros hasta la puerta de entrada a Los Berrocales, y allí dejaron los coches aparcados, andando desde ahí hasta Almadén. Tenían pues la intención de volver, en autobús o en taxi, a recoger sus coches, pero no habían encontrado medio de transporte, así que se vinieron con nosotros  en el autobús. Allí sacamos otra vez las botellas de anís y de guindas, brindamos por la buena jornada, dejamos a los peregrinos en El Berrocal y en Castilblanco, y seguimos la carretera camino de casa. Alguien entonces recordó: "Al final no hemos visto el Belén Viviente." ... Yo ya llevaba los ojos cerrados.

domingo, 18 de noviembre de 2012

ETAPA GUILLENA - CASTILBLANCO

Convocatoria de ACAL

Segunda etapa del Camino de Santiago por la Vía de la Plata

Nos despertamos en este domingo para iniciar la segunda etapa del Camino. Ayer llovió durante todo el día, pero para hoy se preveen lluvias débiles sólo en las primeras horas de la mañana. Preparamos chubasqueros y paraguas, y una mochila con lo imprescindible (agua, frutos secos, batidos), teniendo en cuenta que entre Guillena y Castilblanco de los Arroyos no pasaremos por ninguna otra localidad.
Hemos salido a las 7:45 desde la Alameda del Tren. El grupo de peregrinos ha aumentado, y somos hoy un total de 32 caminantes.
El cielo está cubierto, y tememos que la lluvia nos estropee el día, pero conforme nos acercamos a Guillena, vemos cómo los cielos se van abriendo.
El autobús nos deja donde terminamos el pasado día 27 de octubre, en el albergue de peregrinos de Guillena, y desde allí empezamos esta etapa sobre las 9 de la mañana.


Salida desde el albergue de Guillena


Una vez dejamos Guillena por la carretera de Burguillos, llegamos a un polígono industrial situado en el margen izquierdo, y una venta a la derecha, donde hay un miliario que indica el Camino de Santiago. Girando a la izquierda, atravesamos casi hasta el final este polígono, y tras abrir una portela, de nuevo a la izquierda, iniciamos un camino con toboganes, esto es, subidas y bajadas del terreno, que va cruzando fincas de olivares y de naranjos.


El camino está totalmente embarrado y el agua de las últimas lluvias va corriendo por los surcos, como si fueran estrechos riachuelos. En algunos tramos el camino no está transitable, por lo que subimos a los olivares, donde no hay tanto barrizal. 
Menos mal que con el bastón me voy ayudando, ya que los resbalones con el barro son constantes. Además, el barro se acumula en los zapatos, y éstos pesan cada vez más. Cuando nos metemos por los olivos para evitar el barro del camino, los zapatos se mojan mucho porque las hierbas están empapadas.
Todo esto hace que vayamos bastante lentos y prácticamente en fila india, casi pisando en las huellas dejadas por el que va delante.
Poco a poco el paisaje va cambiando, el camino se va haciendo más fácil. Vamos subiendo hasta llegar a tener una preciosa perspectiva de Sevilla. Estaremos aproximadamente a una distancia de la ciudad de unos 30 kms.
Lo primero que identificamos es la Torre "Pelli" y el Puente del Alamillo, y vamos reparando en otros detalles, hasta localizar el Puente del Quinto Centenario y la Giralda. En la fotografía siguiente se pueden apreciar, aunque con cierta dificultad, quizás por la bruma debido a la humedad del día.



A partir de aquí, la etapa cambia. El camino se va empedrando, es más inclinado, con mayor pendiente, por lo que las aguas corren ahora con más fuerza.
Empiezan fincas de ganado con alcornoques y encinas. Ya dejamos atrás los olivos, y encontramos bellotas buenísimas, de un dulce infantil. Cruzamos unas portelas que nos llevan a una zona de caza. Algunos disparos que escuchamos a lo lejos nos alertan, y unos minutos después, los disparos nos suenan más cercanos, por lo que elevamos el tono de voz para que los cazadores se percaten de nuestra presencia.




Vamos encontrando señales amarillas en las piedras y en los árboles, y llegamos a un punto atravesado por un camino asfaltado, donde hay unas portelas abiertas. Pero aquí las señales son naranjas: ¿se acabó la pintura amarilla, o nos están indicando algún peligro? Quizás sea lo segundo, porque encontramos un terreno irregular con muchas piedras, hay algún que otro resbalón y una torcedura de un pie (llevamos en el grupo una peregrina-enfermera que atiende al accidentado). Nos cruzamos con un grupo de ciclistas, que bajan la pendiente en sentido contrario al nuestro, a gran velocidad, con cuidado a las piedras.


En esta última parte del camino, el paisaje es de gran belleza, el cielo está despejado, vamos quitándonos ropa, hasta que llegamos a un camino más ancho, por donde pasan coches que van a las diferentes casas y fincas de la zona. Aquí hacemos un descanso más largo, comemos algo (¡¡qué ricos los mostachones con miel!!) y aprovechamos también para quitarnos el barro que queda en las botas. Al final de este camino, encontramos un nuevo miliario y la carretera que nos llevará a Castilblanco. Caminamos por la carretera, hasta que nos sale un camino que va paralelo a ella, por donde hay accesos a diferentes casas de campo. Vemos ya el pueblo, pero estos últimos kilómetros se hacen difíciles, porque el cansancio del día hace acto de presencia y porque además vamos subiendo. A la entrada del pueblo, sobre las 2 de la tarde, llegamos, derrotados -al menos por mi parte-, al Bar El Algabeño, frente al albergue de peregrinos -cerrado-, donde almorzamos con el menú de peregrino, bastante bueno, y aquí en el mismo bar nos sellaron las credenciales. 

Almuerzo en el bar El Algabeño, en Castilblanco
El día ha estado estupendo, el paisaje ha sido muy bonito, y aunque la distancia total no era mucha (19 kms.), hemos andado bastante lentos por la cantidad de barro que encontrábamos en los caminos. En torno a las 16:00 horas, cogemos el autobús de nuevo de regreso a Lora del Río, a descansar lo que queda de tarde, para trabajar mañana.

sábado, 27 de octubre de 2012

ETAPA SEVILLA - GUILLENA

Cartel de la convocatoria

Etapa Catedral de Sevilla - Guillena

Primera etapa del Camino de Santiago por la Vía de la Plata

Salida en autobús desde la Alameda del Tren a las 6:45, para estar en la Catedral de Sevilla sobre las 8:00. Allí, un miembro de la Asociación "Amigos del Camino Vía de la Plata" nos ha entregado las Credenciales de Peregrino, y nos ha explicado la antigua costumbre de acompañar al que inicia el camino hasta la salida de la ciudad. Ha venido pues con nosotros marcando el recorrido por las calles de Sevilla.
Hemos comenzado en la puerta de San Miguel de la Catedral, en la Avenida de la Constitución, y nos hemos encontrado en la puerta de la Asunción con la figura de Santiago peregrino.


A los pies de la Puerta de San Miguel, encontramos esta baldosa que indica el inicio del Camino desde la Catedral de Sevilla.

Al llegar a la calle García de Vinuesa, hay una primera señal de giro a la izquierda y un azulejo que marca el Camino por la Vía de la Plata. Aquí empezamos a callejear: calles García de Vinuesa, Jimios, Zaragoza, Reyes Católicos, puente de Triana, San Jorge y Castilla. Hemos hecho parada en la sede de la Asociación, donde compramos recuerdos y algunos utensilios para el camino (menos mal que me he comprado un bastón para ayudarme).
Al final de la calle Castilla, nos dirigimos hacia la Capilla del Cachorro, y muy cerca nos hemos encontrado con el Miliario, que marca que desde aquí hay mil kilómetros para llegar a Santiago de Compostela.




Miliario, en el barrio sevillano de Trina

Aquí encontramos unas escaleras que nos llevan a la autovía de Huelva, y después de hacernos unas fotos de grupo, cruzamos la autovía. Empezamos ya el camino, contentos de que tenemos un día con un tiempo y una temperatura extraordinarios.


En una rotonda cercana bajamos otras escaleras hasta un aparcamiento de camiones, y tras cruzar el río Guadalquivir por un puente peatonal, hemos seguido un camino hasta Camas, pasando por el cortijo de Gambogaz y por debajo de la SE-30 hasta Santiponce. Hemos bordeado el Monasterio de San Isidoro del Campo y hemos parado en un bar de la calle principal o travesía de Santiponce, para desayunar. Un descanso que me ha venido estupendamente porque me sentía ya bastante cansado. Continuamos la travesía de Santiponce, que nos lleva hasta las ruinas romanas de Itálica, nos hemos incorporado a una rotonda que enlaza con la Autovía de la Plata y con la carretera que lleva a La Algaba, y muy cerca de aquí, comienza el camino de servicio de Emasesa, paralelo a la autovía, que nos conduce, cómodamente, hasta Guillena. Este camino estaba bastante transitado por ciclistas, que nos saludaban y deseaban "Buen Camino". La entrada a Guillena es muy agradable, pero estábamos bastante cansados ya. El grupo se había ido dispersando, y en la gasolinera que hay a la entrada del municipio fuimos esperando a que nos reagrupáramos. Hemos visitado el albergue, nos han sellado las credenciales, y nos fuimos a almorzar. Sobre las cuatro y media de la tarde, el autobús nos recoge frente al Centro Cívico, y algo antes de la seis, ya estábamos con los pies en alto en casa, cansados pero con la cabeza puesta en la segunda etapa.

Albergue de peregrinos de Guillena - Terminamos la primera etapa del Camino, contentos porque podemos con esta aventura. Las piernas respondieron!!